Ya no imagino a mi hijo como un bebé

Hasta ahora, a Uriel lo recordaba como un recién nacido, dormido. Siempre que pensaba en él, lo hacía como el bebé que fue. Pero hace poco viví una transformación preciosa y ahora me lo imagino como un niño de dos años, la edad que tendría. No es complicado porque mi sobrino Bruno tiene apenas dos meses más que él, así que lo miro y puedo fantasear con que serían casi iguales. Y es curioso, porque antes no me había pasado. Desde ese momento, no he vuelto a pensar en él como un bebé. Muchas, muchísimas veces, pienso “ojalá estuvieras aquí”, y la siguiente imagen que me viene a la cabeza es él por la casa, llenándolo todo de alegría.

 

El camino del duelo fue algo nuevo para mí y para todos los que lo transitaron conmigo. Antes ninguno de nosotros había perdido a un hijo, un sobrino, un nieto. Teníamos ideas preconcebidas de qué tendríamos que sentir y qué no cuando hubiéramos hecho nuestro propio camino, pero es que hasta que no lo vives no sabes cómo vas a pensar. En una conversación con mi hermana al principio del caos hablábamos sobre si sería o no saludable imaginar a Uriel con la edad que tendría en cada momento y, erróneamente, pensábamos que no. ¡Qué poco sabíamos entonces y qué perdidas estábamos! Ahora sé que es normal y me encanta imaginármelo con sus dos años llenos de amor y virus de guardería. Y me duele el alma porque no está aquí, pero es que también he aprendido que esto será así siempre, nunca dejaré de echarle de menos, todos los días de mi vida.

 

Hace poco le dije a alguien que una de las cosas que he comprobado es que la muerte no acaba con el amor. Que, aunque no le veas físicamente, le puedes seguir amando. La muerte me ha arrebatado el privilegio de verle crecer, de acompañarle, de abrazarle. Pero no ha podido impedir que el amor que le tengo a mi hijo siga creciendo de forma arrebatadora, sin medida. El amor no es una emoción estática. Evoluciona. Incluso a pesar de la muerte. Y esto es mágico.

 

Lamento a cada paso que doy que no siga aquí, pero está en mí.

 

Mi hijo vive en el recuerdo de todos los que le queremos. Vive en la risa de mis sobrinos, en sus primeras palabras, en sus pasos atropellados. En los abrazos que nos  damos, en los besos. Vive cada vez que le mencionamos, cuando su prima Candela completa su nombre, cuando Marco duerme con la estrella, cuando Vega se señala el corazón al preguntarle dónde vive el primo Uriel. Vive en cada una de mis lágrimas y en mis sonrisas. En mi fortaleza, en mis esfuerzos por ponerme de pie de nuevo, por él y por mí. En mi decisión de seguir adelante. Vive cada vez que vosotros le pensáis…

 

Nada está realmente muerto si deja un buen recuerdo.

4 Comentarios

  • La amatxu de Ager

    Hola, Virginia.
    He llegado hasta ti por el grupo de “Mamás estrella” de Facebook. Entiendo que hayas tenido unos días de transición desde ese segundo cumpleaños de Uriel, y creo a pies juntillas lo que sientes, y la manera que tienes de imaginar a tu hijo a día de hoy.

    Yo también he vivido algo similar, no tan marcado, porque aún no ha hecho el año desde que Ager se marchó (fecha que me aterra) pero esa sensación de recién nacido se va diluyendo a medida que me rodeo de otros bebés de mi entorno y verlos crecer. Yo me lo imagino en casa jugando, riendo; lo imagino rollizo y un poco granujilla; imagino unos brazos gordetes y unas piernas rechonchas.

    Jo, qué hueco tan grande tenemos en el alma.
    Un abrazo grandísimo, mamá, y feliz cumple a Uriel.

    Beso.

    • Virginia del Río

      Hola, amatxu de Ager. Qué bonito mensaje, cómo me gusta que nos los imaginemos así porque siempre estarán con nosotras y en nosotras. Ánimo con la fecha del primer aniversario, es dura, la verdad. Un beso enorme

  • María

    Hola, en mi caso fue una niña, la primera, va camino de 22 años, 40 semanas y 2 días de gestación. Después he tenido tres hijos más, y es ahora, cuando veo a mis otros hijos saliendo con amigos, riendo entre ellos, en el instituto, en la universidad… es justo ahora cuando la imagino como la hermana mayor, preciosa y feliz, muy feliz.

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