Volver al trabajo después del desastre

Septiembre es el mes de las rutinas. Y es un mes que me encanta. Se acerca el otoño, mi estación favorita… Y también la vuelta al trabajo de la mayoría. Me acuerdo de la mía después de la baja de maternidad, aunque no fue en septiembre sino en mayo.

Las semanas antes de la incorporación fueron terribles. Tenía ganas de retomar la rutina porque pensaba que eso me ayudaría a mejorar el estado de ánimo y porque el techo de casa se me caía a pedazos, pero al mismo tiempo no me veía con la fuerza para afrontar el recibimiento de los compañeros a los que había despedido contentísima para empezar mi nueva vida. La mujer que volvía a su puesto de trabajo no era la misma que se fue. Nunca olvidaré lo que me dijo mi jefa cuando se despidieron de mí al irme de baja: “Volverás siendo otra mujer. Ya no serás nunca más esta Virginia, serás otra” . Pero jamás hubiera podido imaginar en ese momento, ni ella tampoco, que la que volvería no sería esa a la que ella se refería sino una persona mucho más vulnerable y mucho menos feliz. Volvía a mi trabajo de una manera tan distinta a la que había soñado… Volvía sin preocuparme porque mi hijo estaba en la guardería y yo demasiadas horas lejos de él. Volvía echándole de menos y sabiendo que no le vería al acabar la jornada ni en ningún otro momento de mi vida. Y te das cuenta de la de veces que serás consciente de que tienes los brazos vacíos…. Los brazos vacíos. La cuna vacía. El útero vacío. La vida vacía. Todo vacío.

Volver a la vida que tenías antes siendo tú otra persona es complicado. Mi opinión es que eso nunca sucede. Lo demás sigue igual. Todo menos tú, y muchas veces sientes que no eres entendida.

En este tiempo, me he enfrentado a la alegría amarga que se siente cuando una compañera anuncia que está embarazada o cuando nace su hijo sano. Varias veces. Mientras mis recuerdos del nacimiento de mi hijo son tan distintos… Y con esto hay que convivir porque, como decía, la vida sigue.

Muchas mamás como yo sienten miedo de volver a su puesto de trabajo porque en el camino del duelo cada pequeño paso es un gran logro para nosotras, pero os cuento mi experiencia porque a mí me ayudó. También es verdad que volví a un lugar común, una de mis zonas de confort de donde no tenía intención de salir en el máximo tiempo posible. Y mis compañeros fueron muy cariñosos y muy discretos y me recibieron con mucha dulzura. Luego es cierto que la gente se olvida y como no te ven llorando por las esquinas piensan que según qué comentarios no se te clavan en el alma, pero ese es otro tema y es intrínseco al ser humano en general. La empatía… (¿Hablamos de la empatía otro día?)

Cada mujer es un mundo y las necesidades de cada una son muy distintas, pero mi experiencia es que la rutina colaboró positivamente en el camino de mi duelo que, por cierto, no dura ni un año ni dura dos, ni menos ni más. Dura lo que tiene que durar dependiendo de cada una pero, como siempre digo, si ves que se te complica, busca ayuda. Es muy importante aprender a convivir con unas emociones que nos van a acompañar toda la vida.

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