Granada y cómo un montón de médicos escucharon mi historia

He necesitado unos días para digerir todo lo que viví en Granada, un tiempo para asimilar y poner palabras a tanta emoción.

 

 

Me desplacé hasta allí para participar como ponente en el “Curso de cribado, prevención y atención a la muerte perinatal”. Paqui Molina es ginecóloga en el hospital de Granada y se puso en contacto conmigo en noviembre del año pasado para contarme que estaba organizando un curso y que por primera vez en España se iba a enfocar este tema desde un punto de vista multidisciplinar. Me había visto en Viva la vida y quería contar con mi testimonio. Y hasta allí nos fuimos mi historia y yo, con una gran ilusión y mucha responsabilidad porque sentía que iba acompañada de las historias de muchas familias y de muchos bebés estrella.

 

Querían conocer mi experiencia, cómo fue mi estancia en el hospital, cómo viví un trago tan amargo. Y yo sentía que mi misión era llegar hasta esos ginécologos, matronas, psiquiatras, que estaban allí con los oídos abiertos para contemplar caminos de mejora, para valorar otras opciones en la atención a la paciente cuando las cosas se complican, cuando allí donde había vida, de repente hay muerte.

 

Me desplacé hasta Granada sola y eso también me supuso un reto. Porque a veces todavía me siento vulnerable y en zona de peligro cuando buceo dentro de mí mucho rato. Pero lo hice, y les abrí la puerta de mi maravillosa familia monoparental de 39 semanas para toda la vida. Hablar de mí y de mi hijo, nos ha hecho libres.

 

Y no fue un relato lacrimógeno, sino una historia maravillosa que es la nuestra. Les hablé de mí, de mi sueño más profundo que era ser madre, de cómo llegó mi Uriel. De lo inmensamente afortunada que me sentí esa época, de la etapa más luminosa de mi existencia. De cómo me había preparado para recibirle, de las herramientas de las que disponía para criarle. Hicimos un viaje por sus 39 semanas de vida, y por mis 39 semanas de luz, de su luz…

 

Y de cómo todo se frenó en seco cuando llegó el caos… Llamo así a la etapa que empezó el 23 de enero del año pasado, y que me arrojó a los infiernos con las tres palabras que nos cambiaron la vida a tantas madres y tantos padres: “no hay latido”.

 

Hablé de cómo fue mi estancia en el hospital, que considero buena dentro de unas circunstancias tan devastadoras, y les conté que no es así en todos los casos, porque hay casos de todos los colores. Hablé por mí, por todas las familias que lo han vivido y por todas que lo vivirán, de lo que yo creo que se podría mejorar. Les conté cómo mi ginecólogo consiguió que confiase en él y me ayudó a dar a luz, aun sabiendo que sería uno de los momentos más terribles de mi vida.  Les trasladé cómo el lenguaje y la cercanía pueden colaborar positivamente en la recuperación del alma.

 

El final de mi discurso era lo único que llevaba preparado, porque no quería quedarme sin decir esto: “Médicos y futuros médicos, ustedes tienen en sus manos la posibilidad de hacernos más llevadero el principio de este camino del duelo, que luego emprenderemos solos. Y quiero acabar con una cita que representa lo que en realidad es la medicina, que dice que así: “si puedes curar, cura; si no puedes curar, alivia; y si no puedes aliviar, consuela”. Y esto a veces es lo único que se puede hacer. Muchas gracias”.

 

Les hablé con el corazón y desde el corazón. Y yo, que estoy acostumbrada a ponerme delante de las cámaras pero no delante de cientos de personas para hablar de mí, lo hice. Con una inspiración y una seguridad que he sentido pocas veces en la vida. Porque la manera más efectiva de llegar a alguien es hablándole desde la emoción…

 

Si tuviera que repetir lo que allí dije no me sería posible.

 

Todavía se me encoge el estómago al recordarlo. En ese instante sentí que había llegado a ellos, que había logrado ponerlos en mi piel. Me di cuenta de que, posiblemente, mañana o pasado otra familia tendría que afrontar la difícil tarea de tener que despedirse de su hijo y que, a lo mejor, en ese momento, se acordarían de mis palabras y eso se lo pondría más fácil a otra mamá y a otro papá.

 

Hace unos días alguien me preguntó que qué consigo yo con todo esto. Me sorprendió la pregunta, porque para mí es muy obvio. La tranquilidad de saber que estoy haciendo lo que debo al visibilizar una realidad que hasta ahora era muy poco visible.  La paz interior que me da hablar de mi hijo, y de todos los bebés estrella. La recompensa de saber que estoy colaborando en transformar un poquito el mundo. Al fin y al cabo, el amor de una madre no tiene límites.

8 Comentarios

  • Soledad

    Me emociona tanto! Te leo y también imagino esa charla, que es un granito de arena para que la contención sea algo prioritario, y a quien te pregunto porque lo hacés? Claramente no entiende nada, mucha gente no comprende lo que no le sucede y otra piensa que es revolver el dolor que no nos hace bien, mi niño JUSTO nació el 22 de agosto del 2017 y falleció el 30 de ese mes, solo a 8 días de nacer solo lo cargué minutos antes de que partiera, al final los médicos dejaron que nos despidieramos, pudimos cambiar a nuestro niño ponerle su linda ropita,como si respirara aún, lo escribo y lo recuerdo como si fue ayer, extraño a mi pequeño niño cada día, pero respeto la vida y su lucha por quedarse y no pudo ser, sos una razón más para no sentirnos solas en el duelo. Nombrar a nuestros bebés es lo más importante y el camino al que se ama nunca se lo olvida el recuerdo los traerá al presente siempre. Un abrazo.

    • Virginia del Río

      Hola Soledad.La empatía suele ser escasa en nuestra sociedad, ya sabes. Y últimamente pienso que quien no ha tenido la mala suerte de vivir lo mismo que nosotras no sabe ponerse en nuestro lugar. Te mando un abrazo enorme y un beso grandísimo a Justo.

  • FRANCISCA MOLINA

    Virginia, Te leo de nuevo y me emociona la capacidad que tienes de dirigirte al corazón.

    Mañana marcho a un curso en Sevilla que será el jueves 30. Mi charla: “El duelo perinatal”. No puedo olvidarme de lo que nos ayudaste en ese curso de Granada. He visto lamentablemente desde el curso varias madres y padres a los que les he tenido que dar la mala noticia de la muerte de su hijo y ten por seguro que tu ejemplo ha hecho que ponga mucho más empeño en acompañar, consolar y mejorar la estancia de mis pacientes.

    Mañana hablaré de ti de nuevo, pondré información de tu blog y seguirás ayudando a otros muchos ginecólogos.

    Gracias por tu valentía,

    Paqui Molina

    • Virginia del Río

      Hola Paqui. Perdona la tardanza en contestar. A veces se me amontonan los mensajes y contesto a todo el mundo, pero acabo de llegar al tuyo. Me emociona lo que dices. Qué privilegio que mi historia te haya ayudado a acompañar mejor, aunque con tu sensibilidad seguro que ayudas a muchas familias que sufren por la pérdida de un hijo. Gracias por la oportunidad que me diste. Un abrazo enorme.

  • Maria

    Efectivamente lo que consigues con tu ayuda, tu aportación y contando lo que pasó en primera persona es hacer visible algo de lo que se habla muy poco y tristemente ocurre, y ayudas tanto a las personas que hemos vivido también una muerte perinatal y a los profesionales a saber cómo actuar en estos casos, con la visión de alguien que ha sufrido una pérdida así. Yo desde el punto de vista médico no tuve ningún problema pero siento que en el plano psicológico falta todavía mucho por actuar, en mi caso al día siguiente de que yo diera a luz a mi hija muerta, ingresaron en la habitación de enfrente a una madre que acababa de dar a luz a una niña, hubiera agradecido mucho haber estado en otra planta y no escuchar los llantos de esa niña y las enhorabuenas a esa madre cuando yo estaba rota de dolor

    • Virginia del Río

      Hola María, gracias por tu mensaje. Falta mucho por hacer porque hasta ahora era un tema muy poco visible. Poco a poco se irán dando pasos y avanzando en mejorar la empatía de los demás en un momento tan delicado para nosotras. Te mando un abrazo enorme

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