Ya ha pasado un año

Y me cuesta creer que sea tanto tiempo, cuando para mí está todo tan reciente. Y a la vez me parece mentira que sólo haya sido un año, si me siento como si hubiera vivido mil vidas concentradas en doce meses.

 

Ha pasado un año y pienso que le llevé dentro de mí, que pude sentirle, porque a veces todavía me enfado por lo que tendría que ser y no es. Veo fotos y creo que no era tan consciente como lo soy ahora. Quizá ni siquiera sabía que le quería tanto.

 

 

Ayer se cumplió un año de muchas cosas. De la muerte de mi hijo. De la despedida de mi versión de antes. Se cumplió un año del día más difícil de toda mi vida, y del más amargo. Del principio de un camino oscuro, sinuoso, largo, durísimo. Todavía no sé cómo he sobrevivido a este año. Sintiendo dolor por él, dolor por mí misma, por los nuestros, por lo que cuesta asimilar que no puedo verle. Por el impacto, por el sufrimiento, por las secuelas. Por sentirme pequeña cuando antes me sentía grande. Por echarle de menos de la manera más desesperada que se puede echar de menos a alguien.

 

Este año he sufrido más que en toda mi vida. Miro atrás y siento compasión por mí misma, por los días y las noches que he pasado. Una compasión que roza la ternura, como si quisiera salir de mi propio cuerpo para abrazarme a mí misma, en un gesto de comprensión y humanidad. Es como si yo, que conozco en mi alma mis heridas, necesitara despegarme de mí misma para poder acercarme en un abrazo profundo y sanador.

 

Ha pasado un año. De dolor, de negación, de ira, de transformación, de aprendizaje, de aceptación.

 

 

Elegí el camino de la sanación. Y aprendí que el dolor puede convertirse en un gran maestro. Ha pasado un año y he crecido más que en todos los anteriores juntos.  No soy la misma de antes, porque lo que vivimos nos cambia. No soy la misma pero tampoco busco serlo.

 

Y entendí que existen los abrazos que curan. Lo que significa mirar hacia adelante, a pesar de que yo me había quedado atrás. Aprendí que, en el fondo, lo único que importa es lo importante. Que el amor se puede multiplicar hasta el infinito, y también la capacidad de perdonar. Y que podrás tener los brazos vacíos, pero el alma siempre va a estar llena de ese amor que cruza universos.

 

Por muy hermoso que sea lo que aquí cuento, nunca será tan bonito como lo fue vivirlo con los ojos abiertos y la conciencia plena. Uriel se convirtió en inolvidable y me dejó su amor inmenso. Su alma se quedó conmigo, dentro de mí, abrazando mi corazón.

 

Hoy mi hijo habría cumplido un año de vida.

 

 

Hubo una vez que yo me sentí invencible. Y esa vez fue contigo.

 

Feliz cumpleaños, amor mío. Mi niño, mi Uriel.

18 Comentarios

  • Delia

    Me entristece leer tantísimas historias con el mismo final, un final triste , esta historia me ha llegado por que el nombre de tú pequeño es el mismo que el de mi hijo, un nombre especial Uriel,sólo espero que el tiempo cure un poquito ese gran vacío que te ha dejado su pérdida, mucho ánimo a ti y a todas esas mamás valientes que tenéis que pasar por esto.

    • Virginia del Río

      Gracias, Delia. Sólo conocía a un niño con el nombre de Uriel cuando decidí que mi hijo llevase ese nombre. Ahora son dos y me alegro. Un nombre especial para unos niños especiales. Una abrazo

  • Mónica

    Hola Virginia!
    Desde que conocí tu historia, no he dejado de leerte!…
    Tus palabras son siempre preciosas y con una emoción q traspasa.
    Gracias por compartir tus pensamientos! Sigue escribiendo para sanar tu alma y seguir emocionando a los que te leemos.
    Uriel estará orgulloso desde ahí arriba.

  • Ana

    Sobran las palabras. Un enorme abrazo Virginia y un beso al cielo para Uriel.
    Una Estrella que siempre estará dentro de tu ser y tú corazón.
    Te mando todos los abrazos del
    Mundo.

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