Este año voy a celebrar el Día de Los Muertos

Suena dantesco y terrorífico. Sobre todo, porque el fallecido más reciente que tengo y el que más me duele es mi hijo. Pero tiene una explicación.

 

En el segundo post os contaba que me costó mucho decir la palabra “muerto” para aplicársela a Uriel. Es fría, fea, cruel, injusta, sangrante, una traición. Pero dentro de mi duelo, que aún no ha acabado, entendí que era importante poder llamar a las cosas por su nombre para no evitar. Esto lo he aprendido este tiempo en terapia. Y yo no quiero evitar. Quiero enfrentarme a lo que ha pasado y es lo que estoy haciendo, con todos mis recursos. Así que sí, es una putada y duele en el alma, pero mi hijo ha muerto. Porque aunque vivamos en una sociedad en la que el dolor y la muerte se esconden por feas y dolorosas, existen. Y los niños también mueren. Dentro y fuera del útero materno.

 

El año pasado por estas fechas yo estaba muy embarazada, a punto de conocer a mis sobrinos mellizos y soñando con el disfraz que le pondría a Uriel este año en Halloween, una fiesta que no he celebrado nunca y que me hacía gracia con él. Este año estoy preparando un altar con su foto para homenajear su breve existencia. Qué jodida la vida.

 

Quiero celebrar el día de los muertos después de ver la Película “Coco”, de Disney Pixar. Si no la habéis visto os la recomiendo, tengáis o no tengáis una estrella en el firmamento. La vi apenas dos semanas después de irse Uriel, por recomendación de mi amiga Nieves, y fue una catarsis, una revelación, lloré tanto que no podía salir de la sala del cine cuando encendieron las luces. Está basada en la celebración del Día de los Muertos de México, pero no da una visión de la muerte trágica, sino colorista y reconfortante, porque presenta la conexión de los muertos y los vivos a través de los recuerdos. Mientras recordemos a alguien, lo mantenemos vivo dentro de nuestro corazón, ese es el mensaje.

Así que he pensado poner un cirio encendido toda la noche con las fotos de mis muertos. Uriel, por cercanía, estará por delante de todos. No está físicamente, pero en mi recuerdo mi hijo vive sano y feliz, a salvo, como tenía que haber sido.

 

La muerte. Cuántas veces se habrá usado su imagen como disfraz de estas fechas. Y cuántas nos habremos planteado lo que realmente significa cuando te toca de cerca. Seguramente, ninguna. La muerte es parte de la vida pero vivimos en una sociedad que no la acepta ni la integra de forma natural. Yo la primera. La muerte es una caída al vacío, una cuchillada feroz, la oscuridad más absoluta. La muerte es miedo. Y perder a tu bebé dentro del lugar que le dio la vida, es terrorífico.

Ahora que he hablado con muchas “mamás estrella” sé que el miedo no es sólo cosa mía. Tras un golpe inesperado, te enfrentas al estrés post traumático, y en mi caso desarrollé mucho miedo. El primero, a morirme yo. Pensé eso durante las 24 horas que pasaron desde que me comunicaron la mala noticia hasta que di a luz. 24 largas horas con el terror a morirme yo detrás de mi hijo. Inmediatamente después, miedo a que se muriera la gente que yo quiero. Un miedo irracional pero potente, agarrado con uñas y dientes a todo mi cuerpo y mi mente. Un miedo apoderándose de mí y de mi voluntad. Que te paraliza, que te invade. Por la espalda, sin avisar. Un miedo que sólo conoce el que le ha visto los ojos a la muerte de cerca. Miedo que te revuelve, que te descompone, que te retuerce las tripas. Que desata una ansiedad incontrolable y que te hace sufrir todavía más. Que te recuerda que estás a punto de caer al abismo, que no te da tregua. Muchas veces he notado la mano de la angustia más vil apretándome el cuello y oprimiéndome el pecho. Miedo que sólo se calma asegurándote de que esa persona por la que temes está bien. Y te aseguras y detrás, más miedo, alimentándose de tu debilidad. Y, detrás del miedo, mucha incomprensión. Sigo pensando que nadie que no haya pasado por una experiencia tan devastadora sabe lo que realmente significa. Y yo, a pesar de estar muy acompañada, también me he sentido muy sola, porque no me siento entendida a veces.

 

Estos meses, cada pequeño paso ha sido un avance de gigante para mí y mi maltrecha seguridad.  Todavía batallo contra el miedo, la ansiedad y la angustia, los pensamientos irracionales, las dudas, la culpa, los bloqueos. Pero voy a ganar yo. Algún día voy a ganar yo.

 

Sigamos celebrando la muerte mientras estemos vivos. Pero de verdad, disfraces aparte. Valorando cada minuto que podemos ver, tocar, sentir, amar. Por los que seguimos aquí y, sobre todo, por los que se fueron.

 

Mi hijo, mi vida, mi amor, mi Uriel. Hoy encenderé una vela por ti. Estás siempre vivo dentro de mi corazón.

 

19 Comentarios

  • Cris

    No sé muy bien qué decir… pero si hay una cosa que en la que quisiera ahondar y que quizá ponga un pequeño grano de arena en el difícil momento que has vivido cuando Uriel partió. Te aseguro que la película de Coco retrata fielmente lo que en México se siente y se vive en relación a la muerte, para hacerla los productores visitaron muchos lugares en México durante mucho tiempo para plasmar lo más identicamente posible nuestras creencias. Cada cosa que ponemos en el altar (velas, flores, papel picado, comida…) tiene un significado muy valioso, y nosotros como mexicanos creemos firmemente, sin lugar a dudas, que ese día nuestros muertos vienen para estar aquí y disfrutar con nosotros. Incluso en muchísimos panteones esa noche es una noche de fiesta, llevamos comida, juegos, música y bebidas, es una noche de magia, que de alguna u otra manera nos ayuda a sobrellevar la distancia y el dolor. Así que pienso que poner un altar y celebrar el Día de muertos es quizá algo tétrico para unos pero que nos salva a otros.

    • Virginia del Río

      Hola Cris, yo lo celebré creyendo profundamente en eso y también creo que a mí me ayudó. Me encantaría poder vivir esa noche alguna vez en México, seguro que lo haré.Te mando un abrazo grande.

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