Carta a mi bebé estrella

Querido hijo, mi niño, mi Uriel.

Hoy habrías cumplido nueve meses y cuánta falta nos haces. Cómo es la vida: nueve meses tú dentro de mí convirtiéndote en una persona y ahora nueve meses yo fuera sin ti convirtiéndome en otra.

Creo que quizá a estas alturas estarías gateando por la casa, mientras aprendías a ponerte de pie y a caminar. En cambio, fui yo la que tuvo que aprender eso de nuevo… Tal vez ya irías a la guardería y yo viviría sorteando los imprevistos diarios para llegar a tiempo a recogerte. Soñé tanto durante el embarazo que creo que no nos cabían tantos sueños en una vida.

La casa sigue llena de fotos nuestras, contigo en mi tripa. Estás por todas partes, aunque no te podamos ver.

Estos meses han pasado muchas cosas. Tus primos todavía no saben quién eres pero mamá se lo va a explicar cuando sean un poquito más mayores.

Celebramos el primer cumpleaños de Marco sin ti, cuando tendrías que haber estado con nosotros, seguramente durmiendo plácidamente en tu carro con tus 3 semanas de vida. No sabes la que lió con la tarta de merengue que le hicimos para las fotos y cómo nos reímos… Amargamente, pero nos reímos.

Bruno y Vega están a punto de cumplir un añito y detrás irías tú, casi trillizos, contagiándote de su risa, que ahora que no estás alimenta mi alma. Siempre os imaginé a Bruno y a ti como los mejores amigos, y tus tías Elena y Perla me han convertido en su madrina. ¡Qué regalo tan bonito me han hecho!

Candela nació el día que elegí para despedirte, y a la misma hora. Aunque estoy segura que esto ya lo sabes… Siempre digo que te cruzaste con ella en su salida a la vida y le diste el relevo, para que yo pudiera  verte cuando la miro a los ojos. La miro y te encuentro, Uriel. Y ella me devuelve una sonrisa brillante y reparadora.

Cuando fui capaz de abrir tu armario les di ropita tuya a Bruno y a Vega. Verles vestidos a ellos con algo que te había pertenecido a ti me daba paz. Ahora esa ropa la va a heredar también Candela, aunque no será lo único que ellos hereden de ti. Crecerán sabiendo que en la pandilla faltas tú porque nunca muere del todo aquel que se recuerda.

 

A tus abuelos los han rescatado tus primos. Y, en parte, a mí también. Ellos hablan de ti continuamente y cuentan que tienen 4 cuatro nietos: tres en la Tierra y uno en el arcoiris de los bebés, donde habitas con Lola, que se fue detrás de ti, seguramente porque su misión aquí ya había terminado y ahora tenía otra en el más allá, contigo. Yo os imagino saltando de charco en charco mientras ella mueve el rabito y tú le espantas a los peces que tanto le gustaba mirar.

Nuria comenta a menudo las fotos que le hubiera gustado hacerte, y te imaginamos posando, con una sonrisa. Porque aunque no tenerte aquí nos duele intensamente y sospecho que sera un dolor para toda la vida, todos en la familia somos capaces de pensar en ti con una sonrisa.

 

También fue mi cumpleaños, y tus tíos me regalaron una medalla con tu nombre y una estrella, que desde ese día cuelga de mi cuello y llevo junto al corazón.

Uriel, cuando te fuiste yo le dije a tus abuelos que necesitaba hablar de ti, que no quería enterrar contigo tu recuerdo y lo feliz que había sido durante las 39 semanas que pasamos juntos. Y, hoy, mi amor, hay muchas personas que saben quién eres y eso a mí me reconforta. Hoy, tú y otros muchos bebés que os marchasteis demasiado pronto no sois invisibles.

No sé hasta dónde nos llevará este movimiento, ojalá que podamos tener un libro de familia donde figure tu nombre junto al mío, como mi hijo que eres. Ojalá tantas cosas…

 

Pasa el tiempo y aún no he logrado descifrar qué tenía que aprender yo con tu partida. Me costó llegar hasta ti y mucho más me cuesta haberte perdido, pero hay una fuerza interior que me impulsa a seguir adelante. Me quedé con los brazos vacíos pero mi corazón está siempre lleno de ti. Y ahí, tú estás a salvo.

 

Felices 9 meses, mi vida.

 

Te amo. Te amamos.

Mamá.

33 Comentarios

  • Yara

    Lo único que hago es leer tus entradas y leer todos los comentarios de mamás que como nosotras, han pasado por el dolor más grande que una persona puede soportar.
    2018 me lo había dado todo, cumplía mis dos sueños, casarme con el hombre de mi vida y ser mamá de una princesa que llegó a nuestras vidas como el mejor regalo de boda del mundo. Mi fpp era el 18 de enero del 2019, pero yo estaba segura que Nara, nacería antes, a las 37 semanas igual que lo hice yo 25 años antes.
    El 28 de diciembre tuvimos nuestros segundos monitores estando de 37 semanas justas. Mi niña estaba genial, daba tal patadas en las correas que hacía que saltaran los monitores. No estaba siendo un embarazo fácil; diabetes gestacional y desde hacia dos semanas mi pierna derecha se había transformado en la de un dinosaurio. No te preocupes, es el peso de la bebé que dificulta la circulación porque está apoyada en ese lado. Esas fueron las palabras del ginecólogo de urgencias una semana antes.
    Ese mismo día 28 la comadrona que nos visitó en monitores y que me trataba con un cariño enorme le dijo a la ginecóloga que me mirara la pierna, me dijo que ella no entendía y que me hicieran una eco los especialistas. De nuevo no le dieron importancia. Dos días más tarde, después de no notar a mi hija durante el día anterior decidimos ir a urgencias. Sabia que Nara no tardaría en llegar, quizá intenté autoconverme que la falta de movientos era porque estaba tan colocada que ya no tenía espacio suficiente. Ya había dilatado 1cm y borrado parte del cuello del útero en la semana 35 y 36.
    Llegamos a urgencias y escuchamos el odiado “no hay latido” no podía creermelo, mi niña, la que me había dado fuerzas para aguantar un embarazo así y mi única recompensa, se había ido aunque siguiera dentro de mí.
    37+2. No me lo podía creer, me tocaba enfrentarme a un parto aún sabiendo que cuando la tuviera en brazos no iba a llorar. A las 5.21h y después de un parto totalmente contrario a lo que me había preparado durante estos ocho meses, Nara llegó al mundo, al mío, al de su papá y al de toda la familia y amigos que la amaban aún sin conocerla. La tuvimos en brazos, la besamos, la olimos y le dijimos cuánto la adorábamos pero nada, nada de lo que hicimos hizo que se despertara. Su corazón se paró y no era una pesadilla. Era la realidad más dura y asquerosa, una realidad que jamás te puedes llegar a imaginar. En algunos momentos creía que estaba en un sueño que me despertaría.
    No, no podré superlarlo jamás. No, no quiero que me digan que soy joven y tengo toda la vida por delante. Mi vida es ella y hoy no está a mi lado celebrando sus primeros reyes magos. Mi sueño siempre ha sido ser mamá. Lo soy. Aunque con los brazos vacíos.
    Como me duele el alma, cómo viviré sin ti hija, cuánto dolor pensar que jamás podré chillar tu nombre en alto.
    Nara, vuela alto hija mía.

    • Virginia del Río

      Hola Yara, te acompaño en tu dolor. Soy consciente de cómo duele y te abrazo. He creado un grupo de mamás en facebook que se llama Mamás estrella, que es para nosotras, por si te quieres unir. Allí todas nos entendemos y nos apoyamos. Un beso grande y permítete caer para luego poder levantarte.

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