• ¿Cómo gestiono mis emociones en esta época de aislamiento? 

    Sois muchas las mamás que me habéis escrito estos días para contarme cómo estáis llevando el duelo o la tristeza ahora que nos toca quedarnos en casa. El cambio de rutina nos obliga a permanecer más aislados que de costumbre y eso conlleva un cara a cara directo con tu dolor evidente. En mi caso, aun habiendo pasado más de dos años desde que mi hijo murió, he tenido varios momentos de derrumbe. El primero fue un día, al comienzo, cuando al mirar a mi cachorra me di cuenta de que tendríamos que ser tres y no dos. Algo evidente y que pienso a diario, pero ese día me impactó más.…

  • Ya no imagino a mi hijo como un bebé

    Hasta ahora, a Uriel lo recordaba como un recién nacido, dormido. Siempre que pensaba en él, lo hacía como el bebé que fue. Pero hace poco viví una transformación preciosa y ahora me lo imagino como un niño de dos años, la edad que tendría. No es complicado porque mi sobrino Bruno tiene apenas dos meses más que él, así que lo miro y puedo fantasear con que serían casi iguales. Y es curioso, porque antes no me había pasado. Desde ese momento, no he vuelto a pensar en él como un bebé. Muchas, muchísimas veces, pienso “ojalá estuvieras aquí”, y la siguiente imagen que me viene a la cabeza…

  • Vivir sin saber qué pasó

    Convivir con la incertidumbre de no saber qué pasó se ha convertido en un reto cada día. Vivimos en la era del control, estamos permanentemente conectados y localizados gracias a la tecnología y creemos que esos avances lo podemos extender a todo. Pero hay una parte que el ser humano y los avances no pueden abarcar. La medicina llega hasta donde llega, y la vida también.   Al principio tenía la esperanza de que la autopsia revelara algún resultado que calmase mi angustia y me ayudase a vivir con un poco más de paz. Mi mente fabricaba resultados relacionados con cardiopatías incompatibles con la vida o enfermedades mortales… Pero no.…

  • Y tú que no lo has vivido, ¿sabes qué significa perder a un hijo?

    Hace un año que inauguré el blog y comencé con este proyecto que ha creado una bonita familia con los corazones rotos pero con un gran valor. La gente más valiente que conozco es la que ha mirado a la muerte a los ojos y aún así ha sacado fuerzas para seguir viviendo. Hace un año que abrí la puerta de mi corazón para compartir lo que se siente y lo que significa perder a un hijo. Y ahora me doy cuenta de todo lo que aún tenía que sanar… La transformación es un proceso que lleva su tiempo, aunque nos apresuremos por levantarnos pensando que así dejará de doler…

  • El camino que ya he recorrido

    El 23 de enero de 2018 la mujer que yo era murió con la noticia de la muerte de mi hijo. En ese instante, todos los sueños, los planes, los logros conseguidos, absolutamente todo, se marchó con él. Y ese día comenzó un camino de reconstrucción que me está transformando en la persona que voy siendo ahora, otra distinta a la que una vez fui. Con Uriel murió esa parte de mí inocente que me hacía tan feliz. Sin tanto miedo, sin tantas marcas en el alma. Ahora sé cuánto puede doler la vida, así que ya no conservo esa forma inocente de mirarla. La lista de herramientas que perdí…

  • Yo lloro todos los días porque echo de menos a mi hijo

    Normalmente, no hay día que no se me escape una lagrima o un ciento. En el último año y casi cinco meses de mi vida he llorando en trenes, autobuses, metros, por la calle, al cerrar la puerta de casa detrás de mí, al meterme en la cama, al despertar, al salir de un médico, al sentarme y comenzar a hablar, al ver a mis sobrinos dormir a mi lado y echar de menos esa imagen con mi hijo… Lloro por lo que no pudimos compartir, lloro por rabia que me da que nos tuviera que tocar a nosotros, lloro porque no entiendo que un ser tan perfecto y tan…

  • Embarazos, nacimientos y tu propio duelo

    Uriel murió en mitad de un boom demográfico familiar. Justo dos meses y medio después del nacimiento de mis sobrinos mellizos y cuando mi sobrino Marco estaba a punto de cumplir un año. No recuerdo celebración más triste para mí que aquella, tan vacía, tan brutalmente fuera de todo. Tan ausente, tan miserablemente condenada a seguir sin él. Justo cinco meses después, nació mi sobrina Candela. Y antes de acabar el año dos de mis primas anunciaban que estaban embarazadas. En medio de ese maremágnum de hormonas de la felicidad y oxitocina, las preguntas formuladas al aire y sin respuesta: ¿y por qué mi hijo se tuvo que morir? ¿Cómo…

  • La soledad del duelo

    Llamo así al momento en que todos se marchan. Al instante en que el mundo vuelve a ponerse en marcha y tú te quedas sola, detenida en un segundo que cargarás a cuestas siempre. A tus espaldas. Parada en un fotograma de tu propia historia, sabiendo que no volverás a ser la de antes, aunque tampoco lo pretendas, porque la vida sólo va hacia adelante. Somos lo que vivimos, lo bueno y lo malo, así que después de perder a un hijo, lo que eras se queda sólo en un recuerdo.     Cuando se apagan las luces, tu entorno te ofrece su hombro y su mano. Y seguramente los…

  • Sin salud mental no hay felicidad

    A menudo confirmo con desaliento lo poco aceptadas que están las enfermedades mentales. A nadie le cuesta entender que vas al traumatólogo porque te duele la rodilla. En cambio, cuando lo que da la lata es la mente, entramos en un terreno pantanoso que cuenta con la desaprobación de la mayoría. Para empezar, porque vivimos en un mundo con poca empatía. La salud mental es tan importante como la física. Hace poco una amiga nos contaba que sufre hipocondría, y otra le decía que lo mejor era que no pensara que se iba a morir cuando le asaltaban esos pensamientos. Si fuese tan fácil estarían vacías las consultas de los…

  • ¿Será que no debía ser madre?

    Todos mis recuerdos están ligados a la maternidad. Catalogados por fecha en la hemeroteca de mi memoria en la sección  “lo único que le pido al universo es ser madre”. Hay personas que cuentan sus vivencias teniendo como referencia las ciudades donde han vivido, los trabajos que han aceptado, o las parejas que han tenido. Las mías, se cuentan por episodios relacionados con mi instinto maternal.   Recuerdo la primera cita con un chico con el que estuve dos años. Creo que antes de saber si le gustaba el cine o viajar, le dejé claro que yo quería ser madre. Así, sin disimulo, sin estrategias. Él todavía lo recuerda con…