• Vivir o sobrevivir

    La vida me gustaba más antes, cuando la vivíamos y no la sobrevivíamos. Le acabo de decir esta frase a una amiga en un audio de whatssap y quiero compartir mi reflexión con vosotros. Hace un tiempo, un conocido me dijo que podemos dividir nuestra vida en tres etapas. En la primera, caminamos sin recibir apenas una mala noticia, son los primeros años de niñez y juventud donde tu misión es básicamente disfrutar. En la segunda etapa, algunas personas que quieres y aprecias empiezan a dejarte. Y en la tercera, habrás perdido a muchos de tus seres queridos. Ayer, mi compañero Jorge Javier Vázquez dijo en su programa que, a…

  • Hoy hablamos con la experta

    Me gustaría presentaros a Lourdes Díaz-Merino. Ella es mi psicóloga, la persona que me ha enseñado a colocar las emociones tan dolorosas que viví tras la muerte de mi hijo y las secuelas del estrés post traumático. Ya sabéis que para mí ha sido fundamental su acompañamiento y la terapia que hicimos juntas. Hoy es ella la que responde a las preguntas que tantas veces nos hacemos y para las que a menudo no encontramos respuesta.   Comencemos por el principio, Lourdes. ¿Qué quiere decir realmente estar de duelo? El duelo es una reacción adaptativa normal ante cualquier tipo de pérdida, incluidas las simbólicas, aunque constituye un acontecimiento vital muy…

  • ¿Cómo gestiono mis emociones en esta época de aislamiento? 

    Sois muchas las mamás que me habéis escrito estos días para contarme cómo estáis llevando el duelo o la tristeza ahora que nos toca quedarnos en casa. El cambio de rutina nos obliga a permanecer más aislados que de costumbre y eso conlleva un cara a cara directo con tu dolor evidente. En mi caso, aun habiendo pasado más de dos años desde que mi hijo murió, he tenido varios momentos de derrumbe. El primero fue un día, al comienzo, cuando al mirar a mi cachorra me di cuenta de que tendríamos que ser tres y no dos. Algo evidente y que pienso a diario, pero ese día me impactó más.…

  • Ya no imagino a mi hijo como un bebé

    Hasta ahora, a Uriel lo recordaba como un recién nacido, dormido. Siempre que pensaba en él, lo hacía como el bebé que fue. Pero hace poco viví una transformación preciosa y ahora me lo imagino como un niño de dos años, la edad que tendría. No es complicado porque mi sobrino Bruno tiene apenas dos meses más que él, así que lo miro y puedo fantasear con que serían casi iguales. Y es curioso, porque antes no me había pasado. Desde ese momento, no he vuelto a pensar en él como un bebé. Muchas, muchísimas veces, pienso “ojalá estuvieras aquí”, y la siguiente imagen que me viene a la cabeza…

  • Vivir sin saber qué pasó

    Convivir con la incertidumbre de no saber qué pasó se ha convertido en un reto cada día. Vivimos en la era del control, estamos permanentemente conectados y localizados gracias a la tecnología y creemos que esos avances lo podemos extender a todo. Pero hay una parte que el ser humano y los avances no pueden abarcar. La medicina llega hasta donde llega, y la vida también.   Al principio tenía la esperanza de que la autopsia revelara algún resultado que calmase mi angustia y me ayudase a vivir con un poco más de paz. Mi mente fabricaba resultados relacionados con cardiopatías incompatibles con la vida o enfermedades mortales… Pero no.…

  • Y tú que no lo has vivido, ¿sabes qué significa perder a un hijo?

    Hace un año que inauguré el blog y comencé con este proyecto que ha creado una bonita familia con los corazones rotos pero con un gran valor. La gente más valiente que conozco es la que ha mirado a la muerte a los ojos y aún así ha sacado fuerzas para seguir viviendo. Hace un año que abrí la puerta de mi corazón para compartir lo que se siente y lo que significa perder a un hijo. Y ahora me doy cuenta de todo lo que aún tenía que sanar… La transformación es un proceso que lleva su tiempo, aunque nos apresuremos por levantarnos pensando que así dejará de doler…

  • Volver al trabajo después del desastre

    Septiembre es el mes de las rutinas. Y es un mes que me encanta. Se acerca el otoño, mi estación favorita… Y también la vuelta al trabajo de la mayoría. Me acuerdo de la mía después de la baja de maternidad, aunque no fue en septiembre sino en mayo. Las semanas antes de la incorporación fueron terribles. Tenía ganas de retomar la rutina porque pensaba que eso me ayudaría a mejorar el estado de ánimo y porque el techo de casa se me caía a pedazos, pero al mismo tiempo no me veía con la fuerza para afrontar el recibimiento de los compañeros a los que había despedido contentísima para…

  • El camino que ya he recorrido

    El 23 de enero de 2018 la mujer que yo era murió con la noticia de la muerte de mi hijo. En ese instante, todos los sueños, los planes, los logros conseguidos, absolutamente todo, se marchó con él. Y ese día comenzó un camino de reconstrucción que me está transformando en la persona que voy siendo ahora, otra distinta a la que una vez fui. Con Uriel murió esa parte de mí inocente que me hacía tan feliz. Sin tanto miedo, sin tantas marcas en el alma. Ahora sé cuánto puede doler la vida, así que ya no conservo esa forma inocente de mirarla. La lista de herramientas que perdí…

  • Yo lloro todos los días porque echo de menos a mi hijo

    Normalmente, no hay día que no se me escape una lagrima o un ciento. En el último año y casi cinco meses de mi vida he llorando en trenes, autobuses, metros, por la calle, al cerrar la puerta de casa detrás de mí, al meterme en la cama, al despertar, al salir de un médico, al sentarme y comenzar a hablar, al ver a mis sobrinos dormir a mi lado y echar de menos esa imagen con mi hijo… Lloro por lo que no pudimos compartir, lloro por rabia que me da que nos tuviera que tocar a nosotros, lloro porque no entiendo que un ser tan perfecto y tan…

  • Embarazos, nacimientos y tu propio duelo

    Uriel murió en mitad de un boom demográfico familiar. Justo dos meses y medio después del nacimiento de mis sobrinos mellizos y cuando mi sobrino Marco estaba a punto de cumplir un año. No recuerdo celebración más triste para mí que aquella, tan vacía, tan brutalmente fuera de todo. Tan ausente, tan miserablemente condenada a seguir sin él. Justo cinco meses después, nació mi sobrina Candela. Y antes de acabar el año dos de mis primas anunciaban que estaban embarazadas. En medio de ese maremágnum de hormonas de la felicidad y oxitocina, las preguntas formuladas al aire y sin respuesta: ¿y por qué mi hijo se tuvo que morir? ¿Cómo…